6 de febrero de 2009

GITANOS DE PAPEL. Un proyecto de Rogelio López Cuenca y Elo Vega



GITANOS DE PAPEL

De vinilo o celuloide, de barro o bronce, en 3D, al óleo, en cuatricromía, virtuales en las pantallas: imágenes impactantes, procedentes de películas, de pinturas, de grabados, de narraciones escritas y orales, de cuentos y de canciones, de refranes y frases hechas, de rumores, chistes, series de televisión, fotografías,novelas, del teatro…

Las obras de arte generan ideas acerca del valor, la cobardía, el bien y el mal, lo feo y lo bello, sobre héroes y villanos, el peligro, la autoridad, lo justo… fantasías que acabamos asumiendo como si se tratara de reflexiones realizadas a partir de nuestras propias observaciones y razonamientos. La mayoría de las opiniones que tenemos acerca del mundo se basan en narraciones repletas de poderosas imágenes: fabricadas por la alta cultura o arraigadas en las tradiciones populares, reproducidas insistentemente por los medios de comunicación masivos.

Tendemos a dar crédito como irrefutablemente real a lo que vemos “con nuestros propios ojos”: ver es creer. Y sin embargo no existe tal percepción directa e inmediata de las cosas.Todo aquello que somos capaces de ver viene condicionado por toda una serie de historias e imágenes preexistentes que ejercen su gobierno sobre lo que vemos -y lo que creemos-; con la mayor eficacia cuando esto se realiza a través de formas artísticas que actúan, no de manera visible y evidente sino, y esto es lo más usual, de modo subliminal.

La realidad imita al Arte… lo que vemos y el modo en que lo hacemos depende de las Artes que sobre nosotros hayan ejercido su influencia. Mirar una cosa es algo muy diferente de verla.

Oscar Wilde, The Decay of Lying

En torno al lugar común y el estereotipo gira casi todo cuanto se dice y se muestra y se cree acerca de los gitanos: la mirada moralista los condenará, severa, como vagabundos, sucios, holgazanes, pendencieros, impúdicos, vengativos, crueles y mentirosos, cínicos, abusadores, ladrones y siempre al límite o fuera de la ley. Por otro lado, su idealización romántica los fabula en libertad, “artísticos”, “naturales”, desprendidos, respetusos, y los retratará bellos, pasionales, orgullosos, valientes e inteligentes, como ingeniosos creadores.

Entre el amarillismo de los media y la interesada explotación comercial del tópico, la excepcionalidad y la extravagancia se convierten en la norma y el modelo, en el marco conceptual a través del cual imaginamos todo lo gitano - de cuyos clichés no escapan ni el más bienintencionado documentalismo ni, por supuesto, el propio sujeto gitano puesto a sobre-representarse a sí mismo.

El reino de lo visible es una construcción, una sintaxis completa, una retórica –un lenguaje, lo mismo que el que hablamos y leemos.

Sin embargo, las más populares formas de representación capitalizan nuestra ingenua credulidad -sobre todo, la imagen en movimiento: el cine y la TV y su apariencia de realidad. Ante esto, las prácticas artísticas también son un instrumento formidable de crítica cultural, para el cuestionamiento del reparto de roles entre aquellos que gozan del derecho a ver y a hablar, y quienes no lo tienen sino a ser narrados por las voces de los otros, mirados –o admirados- en el gueto del espectáculo.